El verano avanza incesante arrastrado por el cálido y pesado poniente, volviendo las tardes largas, tristes y viscosas.
Todo avanza al mismo ritmo, suave pero implacable. No intentes cambiarlo. Ocurre lo mismo que con las olas del mar, casi mortecinas al llegar a la playa, pero siempre dispuestas a volver atrás y envestir la costa de nuevo. Da igual que intentes empujarlas. Ellas volverán.
sábado, 22 de agosto de 2009
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